23 June 2017

Del pan y la libertad



"No hay un producto más pacífico, más humanista, más universal que el pan".
Lionel Poliâne

"Soy panadero por accidente" dice Lionel Poliâne, aún envuelto en su mandil. "Hace cuarenta años, cuando tenía catorce, no era fácil llevar la contra a tu padre. Cuando estábamos en la mesa y mi padre preguntaba a gritos: "¿Qué quieres ser, Leonelito?",
yo contestaba: "¡Quiero ser panadero, como tú!". Pero yo era muy infeliz, pues mi deseo era estar en contacto con toda la sociedad y no recluido en una celda".

El elegante recibidor en la tienda insignia de Poliâne en París, tapizada de piso a techo con pinturas de sus característicos boules no es una celda y Poliâne es a leguas un hombre feliz. Explica que a la edad de veinte años "Hice el mayor descubrimiento que marcó el resto de mi vida: Estés en el negocio que estés, éste es como un vehículo. La clave fue poner el mundo en mi negocio" Con estilo y energía, hizo exactamente eso: "Conocí a gente como Salvador Dalí; comencé a hacer mi biblioteca acerca del pan y el horneado" Recuerda Poliâne, quien aparece con frecuencia en la TV y radio de Francia. "Entendí que yo podía ser un etnólogo, un diplomático del pan". También es un docente. Entrena empleados a través de un CD-ROM de 120 lecciones  que abarcan desde la higiene hasta la relación del pan con la civilización. Incluso las bolsas de la panadería constituyen una galería de iluminados del pan, desde el Emperador Chi Nong, quien inventó el arado, hasta el Conde de Sandwich.

Y su pan es el mejor. Llamado "El más grande proveedor de pan rústico, hecho a mano y crujiente del mundo" por la revista Smithsoniana, Poliâne desprecia el arquetipo de la baguette parisina como una importación austriaca decimonónica inferior, en favor de la redondez del boule, raíz de  boulanger, la palabra francesa para panadero. Sus hogazas están hechas de las harinas más finas, de grano entero molido a piedra, sazonadas con sal pura de mar, infladas con levaduras naturales, horneadas en hornos de leña y enviadas diariamente a los hambrientos conocedores de todo el mundo.

La tienda en el número 8 de al rue du Cherche-Midi deleitan todos los sentidos a la vez: El pan cruje mientras se enfría, los pisos de loza y las paredes de madera tallada complacen la vista y el denso casi tangible aroma del pan es un alimento por sí mismo.

En la antesala cuelga un candelabro adornado por pan de Poliâne laqueado.  Otra creación singular es una jaula para aves. "El ave está en la jaula; está atrapada y puede alimentarse a sí misma con su prisión. ¡Ese soy yo!" comenta apasionadamente.

"Cuando adolescente, yo era esa ave. Cuando te nutres de tus propios límites puedes volar hacia la libertad."

Extracto del libro "Virtuoso".

17 April 2016

Cosmogonía


Allá en los lejanos 90s, en una entrevista a Takashi Ishihara (foto), CEO de Nissan Global de visita en la planta de la automotriz en México, se le preguntó acerca de la diferencia entre los trabajadores mexicanos y los japoneses.

Ishihara contestó:

«La diferencia entre un trabajador mexicano y uno japonés está basada en la cosmogonía*:
Cuando un japonés va al templo, va a ofrecer: Ofrece una ofrenda o sacrificio por muchas cuestiones: Gratitud, esperanza, lealtad, etcétera.

Cuando un mexicano va al templo, va a pedir: ‘Virgencita, dame… Diosito, quiero… Padre, necesito…’

Esta cosmogonía se traduce al campo laboral, pues cuando los trabajadores japoneses quieren más dinero, van con el dueño de la empresa y dicen:


‘Este año produjimos diez mil automóviles, si el año entrante producimos veinte mil ¿Cuánto más nos puedes pagar?’.

Pero cuando los trabajadores mexicanos quieren más dinero, van con el dueño de la fábrica y dicen: ‘Si no nos subes el sueldo te cerramos el changarro’.

Esa es la principal diferencia entre los trabajadores japoneses y mexicanos…»

Sabiduría pura e inadulterada.

* Cosmogonía se entiende como la forma en la que un individuo o una colectividad ve y entiende el Universo. N. del A.

19 October 2015

¿Por qué celebramos la muerte?



Es obvio que no nos da gusto ni festejamos la partida de una persona a la que amamos y que ya no está con nosotros ¿quién podría ser tan obtuso como para amasar semejante disparate?

Tampoco es que nos encante la idea de que todos los que estamos, todos los que queremos a diario, amamos a diario y extrañamos tras una noche de ausencia, de repente se hayan ido para siempre, y esto es un reto directo a nuestros respectivos egos, nos guste o no.

Quienes celebramos la muerte —y quizá deba hablar tan sólo desde mi coto personalísimo— lo hacemos porque la entendemos como una parte fundamental de la vida misma "su mejor invento", la llamaría el gran Steve Jobs, y concluiría: "La muerte es la forma que tiene la vida para eliminar lo viejo y hacer espacio para lo nuevo". Un gran invento que merece celebrarse.

Pero también porque la muerte y nuestra conciencia de ella, es la fórmula que tiene la vida para recordarnos que no somos ni eternos ni infalibles ni inmunes, tres grandes sueños  con vocación de falacia, los cuales han pasado por la cabeza de prácticamente todos los seres humanos. Esto, aunque no lo parezca, es una bendición doble.

En primera, porque nos empuja a sacarle el jugo a los días y a las horas. Saber que en dos minutos o quizá en 30 años pero algún día y con absoluta certeza habremos de irnos de este planeta, es —o debería ser— el aliciente necesario y suficiente para replantearnos a diario nuestra existencia, para vivir más y odiar menos, para sonreír por la sencilla causa de estar vivos, para pelear, para besar, para soñar, para construir los caminos que nos lleven a esos sueños, porque, como ya se ha dicho, no somos eternos.

En segunda, porque nos recuerda a aquellos que estuvieron antes que nosotros; a nuestros padres, abuelos, amigos, hermanos. A quienes forjaron nuestro pasado y de cuyas acciones, para bien y para mal, somos el fruto con llamado a ser semilla.

Celebramos, pues, la muerte, porque con la memoria va nuestra gratitud y nuestras industrias, nuestras esperanzas y nuestros esfuerzos, nuestro reconocimiento para con aquellos que allanaron los caminos, que nutrieron a esta bipolar especie humana y que un día, cumplida su misión de maestros y de andariegos primigenios, volvieron al regazo de nuestra Gran Madre, y con ello, hicieron espacio para los que venimos atrás. Algún día nosotros seguiremos sus pasos, eso es inequívocamente cierto, y solamente cuando hayamos tomado conciencia de su legado, habremos de mirarnos en los páramos internos de la memoria y sentirnos obligados para con ellos, para con nosotros mismos y para con los que vienen detrás. Con los unos para ser dignos de llevar su sangre y su nombre, su memoria, sus enseñanzas. Con los otros para mostrarles todo el camino desandado desde el principio de la memoria y dejar en sus manos la continuación ad infinitum de la  vida, de la especie, de la Tierra.


Al final, habremos cumplido con el deber de aprender y de aportar, de honrar y de educar, de sentir, de rememorar, de soñar, porque de eso se trata la vida, y como tal, no podemos dejar de celebrarla toda, y esto, aún con los duelos y las incertidumbres, también incluye a la muerte.

10 July 2015

01 May 2014

Alumnos

Ya sé que es «políticamente incorrecto» hacer vínculos emocionales con nuestros alumnos, pero encuentro humanamente incorrecto el despojarlos de su calidad de seres humanos únicos, irrepetibles, maravillosos unos, empáticos otros y ¿por qué no? vomitivos algunos más.

No puedo. No quiero ni estoy dispuesto a verlos como meros receptáculos de información, sujetos de evaluación y generadores de tortibonos.

Para mí seguirán siendo lo que son: Antes que nada personas con las cuales departir, de las cuales aprender y con quienes el Cosmos me permite compartir este tiempo y este espacio, ya para guiarlos en su formación, ya para nutrirme de sus puntos de vista, ya para admirarlos, para impulsarlos, para sobarles las heridas que deja el camino.

Todo esto porque me declaro fan de algunos de mis alumnos: Fan de su entereza, de su resiliencia, de los pantalones y enaguas que tienen a la hora de enfrentar con dignidad la vida, de su belleza, de su fragilidad, de sus múltiples y envidiables talentos, de eso que ellos llaman «sus locuras» y que aprendí, como en una epifanía, a llamar «esperanza», y en ocasiones, «certeza».

Es una bendición tenerlos, y como toda bendición, he de agradecerla: Desde mi humilde parcela de vida, gracias, chicos.

Muchas, variopintas y fecundas gracias.

27 March 2014

Mujeres

No concibo a la mujer sin sus virtudes corpóreas. Sin esa piel y esa carne que son nutricio refugio, receptáculo tibio y suave del amor y del deseo.

Ellas son la Tierra encarnada, nuestra mejor aproximación a la Divinidad, nuestro boleto de regreso a la paz y a la memoria del vientre y del origen, del destino y de las razones últimas del ser.

No concibo a la mujer sin su cuerpo, por mucho que admiro su raciocinio y supensamiento, su intelecto, la claridad de las ideas, la profundidad de sus cavilaciones.

Sus cuerpos no son templos. Se engaña quien así piense.

Sus cuerpos son la deidad esencial, son la magia. La eternidad que se reinventa a sí misma.

Quizás por eso es que no concibo a la mujer sin su cuerpo...






Gracias a Francisco Soberanis por permitirme usar una imagen de su autoría. Si desean ver más de su trabajo, visiten su sitio: Francisco Soberanis

16 May 2013

¿Y la creatividad? Muerta, velada y enterrada.

Años ha que no veo tele, pero hoy en la consulta de mi cardiólogo vi esta aberración de comercial de Sabritas México:

Lo cual de inmediato me llevó a recordar esta pieza, originaria de Australia, de finales de los 90s:

Y finalmente a preguntarme si no le pagan lo suficiente a la agencia de publicidad de Sabritas como para tener una idea original, en vez de estarse fusilando descaradamente los comerciales ajenos.

La creatividad ha muerto, por lo que veo. Al menos en la agencia que lleva la cuenta de Sabritas.