17 April 2016

Cosmogonía


Allá en los lejanos 90s, en una entrevista a Takashi Ishihara (foto), CEO de Nissan Global de visita en la planta de la automotriz en México, se le preguntó acerca de la diferencia entre los trabajadores mexicanos y los japoneses.

Ishihara contestó:

«La diferencia entre un trabajador mexicano y uno japonés está basada en la cosmogonía*:
Cuando un japonés va al templo, va a ofrecer: Ofrece una ofrenda o sacrificio por muchas cuestiones: Gratitud, esperanza, lealtad, etcétera.

Cuando un mexicano va al templo, va a pedir: ‘Virgencita, dame… Diosito, quiero… Padre, necesito…’

Esta cosmogonía se traduce al campo laboral, pues cuando los trabajadores japoneses quieren más dinero, van con el dueño de la empresa y dicen:


‘Este año produjimos diez mil automóviles, si el año entrante producimos veinte mil ¿Cuánto más nos puedes pagar?’.

Pero cuando los trabajadores mexicanos quieren más dinero, van con el dueño de la fábrica y dicen: ‘Si no nos subes el sueldo te cerramos el changarro’.

Esa es la principal diferencia entre los trabajadores japoneses y mexicanos…»

Sabiduría pura e inadulterada.

* Cosmogonía se entiende como la forma en la que un individuo o una colectividad ve y entiende el Universo. N. del A.

19 October 2015

¿Por qué celebramos la muerte?



Es obvio que no nos da gusto ni festejamos la partida de una persona a la que amamos y que ya no está con nosotros ¿quién podría ser tan obtuso como para amasar semejante disparate?

Tampoco es que nos encante la idea de que todos los que estamos, todos los que queremos a diario, amamos a diario y extrañamos tras una noche de ausencia, de repente se hayan ido para siempre, y esto es un reto directo a nuestros respectivos egos, nos guste o no.

Quienes celebramos la muerte —y quizá deba hablar tan sólo desde mi coto personalísimo— lo hacemos porque la entendemos como una parte fundamental de la vida misma "su mejor invento", la llamaría el gran Steve Jobs, y concluiría: "La muerte es la forma que tiene la vida para eliminar lo viejo y hacer espacio para lo nuevo". Un gran invento que merece celebrarse.

Pero también porque la muerte y nuestra conciencia de ella, es la fórmula que tiene la vida para recordarnos que no somos ni eternos ni infalibles ni inmunes, tres grandes sueños  con vocación de falacia, los cuales han pasado por la cabeza de prácticamente todos los seres humanos. Esto, aunque no lo parezca, es una bendición doble.

En primera, porque nos empuja a sacarle el jugo a los días y a las horas. Saber que en dos minutos o quizá en 30 años pero algún día y con absoluta certeza habremos de irnos de este planeta, es —o debería ser— el aliciente necesario y suficiente para replantearnos a diario nuestra existencia, para vivir más y odiar menos, para sonreír por la sencilla causa de estar vivos, para pelear, para besar, para soñar, para construir los caminos que nos lleven a esos sueños, porque, como ya se ha dicho, no somos eternos.

En segunda, porque nos recuerda a aquellos que estuvieron antes que nosotros; a nuestros padres, abuelos, amigos, hermanos. A quienes forjaron nuestro pasado y de cuyas acciones, para bien y para mal, somos el fruto con llamado a ser semilla.

Celebramos, pues, la muerte, porque con la memoria va nuestra gratitud y nuestras industrias, nuestras esperanzas y nuestros esfuerzos, nuestro reconocimiento para con aquellos que allanaron los caminos, que nutrieron a esta bipolar especie humana y que un día, cumplida su misión de maestros y de andariegos primigenios, volvieron al regazo de nuestra Gran Madre, y con ello, hicieron espacio para los que venimos atrás. Algún día nosotros seguiremos sus pasos, eso es inequívocamente cierto, y solamente cuando hayamos tomado conciencia de su legado, habremos de mirarnos en los páramos internos de la memoria y sentirnos obligados para con ellos, para con nosotros mismos y para con los que vienen detrás. Con los unos para ser dignos de llevar su sangre y su nombre, su memoria, sus enseñanzas. Con los otros para mostrarles todo el camino desandado desde el principio de la memoria y dejar en sus manos la continuación ad infinitum de la  vida, de la especie, de la Tierra.


Al final, habremos cumplido con el deber de aprender y de aportar, de honrar y de educar, de sentir, de rememorar, de soñar, porque de eso se trata la vida, y como tal, no podemos dejar de celebrarla toda, y esto, aún con los duelos y las incertidumbres, también incluye a la muerte.

10 July 2015

01 May 2014

Alumnos

Ya sé que es «políticamente incorrecto» hacer vínculos emocionales con nuestros alumnos, pero encuentro humanamente incorrecto el despojarlos de su calidad de seres humanos únicos, irrepetibles, maravillosos unos, empáticos otros y ¿por qué no? vomitivos algunos más.

No puedo. No quiero ni estoy dispuesto a verlos como meros receptáculos de información, sujetos de evaluación y generadores de tortibonos.

Para mí seguirán siendo lo que son: Antes que nada personas con las cuales departir, de las cuales aprender y con quienes el Cosmos me permite compartir este tiempo y este espacio, ya para guiarlos en su formación, ya para nutrirme de sus puntos de vista, ya para admirarlos, para impulsarlos, para sobarles las heridas que deja el camino.

Todo esto porque me declaro fan de algunos de mis alumnos: Fan de su entereza, de su resiliencia, de los pantalones y enaguas que tienen a la hora de enfrentar con dignidad la vida, de su belleza, de su fragilidad, de sus múltiples y envidiables talentos, de eso que ellos llaman «sus locuras» y que aprendí, como en una epifanía, a llamar «esperanza», y en ocasiones, «certeza».

Es una bendición tenerlos, y como toda bendición, he de agradecerla: Desde mi humilde parcela de vida, gracias, chicos.

Muchas, variopintas y fecundas gracias.

27 March 2014

Mujeres

No concibo a la mujer sin sus virtudes corpóreas. Sin esa piel y esa carne que son nutricio refugio, receptáculo tibio y suave del amor y del deseo.

Ellas son la Tierra encarnada, nuestra mejor aproximación a la Divinidad, nuestro boleto de regreso a la paz y a la memoria del vientre y del origen, del destino y de las razones últimas del ser.

No concibo a la mujer sin su cuerpo, por mucho que admiro su raciocinio y supensamiento, su intelecto, la claridad de las ideas, la profundidad de sus cavilaciones.

Sus cuerpos no son templos. Se engaña quien así piense.

Sus cuerpos son la deidad esencial, son la magia. La eternidad que se reinventa a sí misma.

Quizás por eso es que no concibo a la mujer sin su cuerpo...






Gracias a Francisco Soberanis por permitirme usar una imagen de su autoría. Si desean ver más de su trabajo, visiten su sitio: Francisco Soberanis

16 May 2013

¿Y la creatividad? Muerta, velada y enterrada.

Años ha que no veo tele, pero hoy en la consulta de mi cardiólogo vi esta aberración de comercial de Sabritas México:

Lo cual de inmediato me llevó a recordar esta pieza, originaria de Australia, de finales de los 90s:

Y finalmente a preguntarme si no le pagan lo suficiente a la agencia de publicidad de Sabritas como para tener una idea original, en vez de estarse fusilando descaradamente los comerciales ajenos.

La creatividad ha muerto, por lo que veo. Al menos en la agencia que lleva la cuenta de Sabritas.

01 April 2013

Hatajo de cobardes.


¿Saben qué le pasa a México? No sólo que las mayorías sean una recua de ignorantes, ni que los políticos sean las ratas más inmundas del Cosmos. Lo que le pasa a México es que sus habitantes en su mayoría son una bola de COBARDES.

Y no, no me refiero al cobarde como aquél que huye de la muerte o del dolor, porque eso les encanta en este país.


Lo que hace que hasta los machos más bragados se zurren en los calzones es el MIEDO A LA LIBERTAD. Esa libertad que nos hace RESPONSABLES de nuestros actos y que no deja espacio para pendejadas del tipo:

"Pos si diosito quiere (agregue su caso favorito... que se roben la elección, por ejemplo), pos ya qué." O las consabidas: "Viregncita, dame..." "Santito, concédeme..." "Padrecito, dígame..."

Y antes de que se arranquen con jaladas esotérico-judeocristianas, déjenme aclarar: No cuestiono la fe de nadie, pero detrás de esto hay un miedo inculcado desde la cuna: El miedo a SER uno mismo. A apechugar por el resultado de nuestras porpias acciones. A enfrentar las consecuencias de lo que hacemos y de lo que dejamos de hacer.

Así es. En México los ciudadanos en su mayoría tienen el peor de los miedos, el miedo a ser realmente libres y repito: SON UN HATAJO DE COBARDES.